QueridoQuique

Autismo y Familia!!! Autismo y Vida!!! Autismo y Esperanza!!!

Este blog está dedicado a todos los niños y niñas, que como mi hijo Quique, hacen que el sol brille cada día con más luz. Besos de papá, mamá y Andrea. Te queremos Quique.

Cuando el autismo llama a tu puerta, sientes que te lo ha robado todo. Después descubres que no es así. Cada pequeño logro de tu hijo te hará sentir tan feliz, cada sonrisa suya, cada beso, cada abrazo, te llenarán tanto... que ya no concebirás tu vida de otra manera y en algún momento sabrás que TODO MERECE LA PENA!!!


martes, 4 de noviembre de 2014

Un grupo de investigadores propone un nuevo método para determinar en la práctica clínica la gravedad de los pacientes con autismo de forma más objetiva.

Un grupo de investigadores propone un nuevo método para determinar en la práctica clínica la gravedad de los pacientes con autismo de forma más objetiva. Lo describen en un artículo que acaba de ver la luz en la revista Journal of Autism and Developmental Disabilities.
Los signos y síntomas del trastorno del espectro autista varían significativamente de una persona a otra. "Mientras algunos presentan leves dificultades sociales y de comunicación, otros sufren profundas alteraciones cognitivas", explican los autores, de la facultad de Medicina Albert Einstein en la Universidad Yeshiva (EEUU). Es decir, "hay personas con afectación leve que trabajan y llevan una vida independiente y otras que no van a ser capaces de valerse independientemente nunca y muchas otras tienen gravedad intermedia en un amplio espectro", argumenta Carmen Moreno, psiquiatra del servicio de Psiquiatría del niño y adolescente del Hospital Universitario Gregorio Marañón de Madrid.
En la práctica clínica, la clasificación se realiza en base a la entrevista personal, "teniendo en cuenta la intensidad de los síntomas y la forma en la que éstos interfieren en la vida social, familiar, laboral y, en general, en su vida diaria", explica la especialista española al comentar este estudio estadounidense. "En psiquiatría no tenemos análisis de sangre que nos permita clasificar cada caso".
Como apunta Sophie Molholm, neuróloga del Dominick P. Purpura Department of Neuroscience y una de los autores del actual trabajo, las evaluaciones centradas en las características y los síntomas del comportamiento de un paciente "pueden ser muy subjetivos y requieren destacada experiencia clínica. Es evidente que necesitamos una manera más objetiva para diagnosticar y clasificar este trastorno".
Con la finalidad de dotar a los expertos clínicos de una herramienta más objetiva de valoración, Molholm y sus compañeros de investigación han probado la efectividad de un nuevo método basado en el electroencefalograma, un examen que sirve para medir la actividad eléctrica del cerebro.
Lo han hecho en un grupo de 43 niños con trastorno de espectro autista entre seis y 17 años. A todos les presentaron diferentes estímulos sensoriales. Por ejemplo, se les pedía que presionaran un botón tan pronto como les fuera posible después de escuchar un tono, ver una imagen. Así, a través de los 70 electrodos colocados en su cuero cabelludo, se pudo medir el tiempo que cada cerebro empleaba para procesar los estímulos.
Tras analizar los resultados, los investigadores observaron que el tiempo de proceso cerebral era mayor en los niños con trastorno del espectro autista. La velocidad con la que los sujetos procesaban las señales estaban estrechamente correlacionadas con la severidad de sus síntomas. "Cuanto más tiempo requiere un individuo con esta enfermedad para procesar las señales sensoriales, más graves son los síntomas", concluyen los autores del artículo. Es decir, que las ondas cerebrales del electroencefalograma podrían ayudar a clasificar de forma objetiva la gravedad de la enfermedad.
Con una mejor clasificación, señala la especialista española, "se podrían estudiar tratamientos más específicos y particularizados", pero para esto, advierte, aún "queda un camino por recorrer".
En realidad, aseguran los investigadores, este hallazgo apoya la evidencia de estudios anteriores que hablan de una microarquitectura en el centro auditivo del cerebro distinta en niños con espectro autista, en comparación con los pequeños con desarrollo cerebral normal.
Aunque, como subraya la especialista española, este método de clasificación aún está en una fase incipiente, los autores remarcan que "podría tratarse de un primer paso hacia el desarrollo de un biomarcador que ayude a evaluar a estos pacientes" y quizás también a diagnosticarles. "En la actualidad, menos del 15% de los niños con este trastorno se diagnostican antes de los cuatro años", comenta Molholm.
Enlace a la fuente original: El mundo.es